Todos tenemos trabajo, compromisos, cansancio y una vida que no se detiene. La diferencia aparece en quién modifica algo cuando los hijos necesitan cuidado.
Hay padres que enfrentan culturas laborales rígidas, jefaturas poco comprensivas y empleos donde pedir permiso tiene consecuencias reales. Esa dificultad existe y merece ser reconocida. Necesitamos entornos que permitan a los hombres ejercer su paternidad sin ser penalizados por cuidar.
Pero reconocer una barrera estructural no exige aceptar cualquier ausencia como inevitable. A veces el “no puedo” esconde una pregunta que nadie quiere formular: ¿qué estoy dispuesto a incomodar para estar presente?
La agenda también expresa prioridades
La corresponsabilidad no se mide solo en afecto, llamadas o buenas intenciones. Se vuelve visible cuando un hijo se enferma, cuando hay una reunión escolar, cuando debe ser trasladado o cuando el adulto que cuida habitualmente ya no puede seguir absorbiendo todo.
Si una persona nunca puede alterar su trabajo, su descanso, sus compromisos o su vida social, mientras la otra debe modificar permanentemente los suyos, no existe una imposibilidad compartida. Existe una distribución desigual del costo.
La II ENUT 2023 permite observar ese costo acumulado: en un día tipo, las mujeres destinan en promedio 2 horas y 5 minutos más que los hombres al trabajo no remunerado. El dato no explica cada familia, pero sí confirma que la desigualdad de tiempo no es solo una impresión individual.
La pregunta no es quién está más ocupado. Es quién termina pagando con su tiempo cada vez que la crianza exige reorganizarse.
Del “ayudo cuando puedo” a “me corresponde”
Ayudar mantiene a una persona como responsable principal y a la otra como colaboradora voluntaria. La corresponsabilidad comienza cuando ambos adultos comprenden que el cuidado también les pertenece, incluso cuando resulta incómodo, vivan o no vivan juntos como pareja.
Eso no significa que todas las tareas deban dividirse exactamente por la mitad cada día. Significa que las decisiones, renuncias y ajustes necesarios no recaigan siempre en la misma persona.
Presencia no es solo estar físicamente
Anticipar
Saber qué viene, preguntar por los controles, conocer horarios y detectar necesidades antes de que se transformen en urgencias.
Proponer alternativas
Si realmente no se puede asistir, corresponsabilizarse implica buscar una solución viable, coordinarla y asumir su costo. No simplemente informar la ausencia.
Cumplir acuerdos
La previsibilidad también cuida. Los cambios de último minuto obligan a otra persona a reorganizarse y pueden afectar emocionalmente a los hijos.
Asumir incomodidad
Cuidar a veces exige pedir permiso, perder descanso, mover reuniones o decir que no a otros planes. Si esa incomodidad siempre la absorbe la madre, la crianza sigue siendo unilateral aunque ambos adultos digan estar presentes.
También necesitamos cambiar la cultura laboral
No basta con exigir a los padres mayor presencia si los espacios laborales continúan tratando la paternidad como una actividad opcional y el cuidado como una responsabilidad naturalmente femenina.
Normalizar que un hombre pida permiso para cuidar no perjudica la corresponsabilidad: la hace posible. Pero ese cambio social debe caminar junto con una decisión personal. Tener derechos para cuidar sirve poco si no existe disposición para ejercerlos.
La legislación laboral chilena contempla permisos específicos —por ejemplo, el permiso pagado por nacimiento—, pero la vida de los hijos no se limita a esos momentos. Por eso también necesitamos culturas organizacionales donde cuidar no sea leído como falta de compromiso profesional.
Corresponsabilidad es estar dispuesto a modificar agenda, privilegios y descanso cuando los hijos lo necesitan.
Quién Cuida de Ti
No tienes que seguir sosteniendo sola lo que necesita acuerdos, límites y responsabilidad compartida.
Si quieres observar tu sobrecarga, recuperar capacidad de decisión y construir cambios posibles en tu vida cotidiana, podemos conversar.
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